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domingo, 27 de octubre de 2013

Los adolescentes, ¿leen o no leen?


¿Leen los adolescentes?

Antonio Rodríguez Almodovar escribe un interesante artículo donde se intenta responder a la pregunta que da título a esta entrada y al propio artículo: "¿leen o no leen los adolescentes?"
Empieza Rodríguez Almodovar con un breve resumen de otro artículo suyo publicado en 1995 donde defendía el derecho de los adolescentes a no leer, recordando cómo se le criticó en su día por ello.

Esa es la cuestión
Prosigue afirmando que en absoluto es negativa la falta de lectura de los jóvenes, que no por haber leído más les ha faltado espíritu crítico para con el mundo que les rodea. Es más, aplaude su habilidad para leer en el caos e invita a cambiar el sistema educativo por completo.
La segunda mitad del artículo la dedica Rodríguez Almodovar a recomendar una serie de obras de autores andaluces para distintas edades, debido a, según él, posibles gustos de los jóvenes a la hora de leer.
Pero, ¿hasta qué punto puede llegar a ser esto acertado? A mi modo de ver, los centros de interés que Rodríguez Almodovar piensa que tienen los adolescentes de hoy en día pueden diferir de la realidad. No me cansaré de repetir que como docentes y/o padres/madres tenemos el deber u obligación moral de dar con estos puntos de interés que logren acercar la literatura (ojo, no la lectura) al mundo adolescente, donde es más fácil distraerse con estímulos visuales que con las 27 letras letras que utilizó Cervantes para escribir El Quijote ordenadas de la manera adecuada. La clave está en ir abriendo camino.
Un aspecto que comparto con el autor es que los adolescentes se han especializado en leer en el caos; están (y estamos) sometidos a un bombardeo continuo de información escrita del que deben seleccionar aquello que más les interesa. Conversaciones por el móvil, foros de internet, redes sociales... inagotables fuentes de lectura, que no literatura, donde aún existen expertos que niegan que los jóvenes de hoy en día leen. Más que leer o no leer, la cuestión es qué leer. Antes consumíamos más literatura, pero ahora leemos más.

 

sábado, 26 de octubre de 2013

Aprender a leer de verdad


Enlace al artículo original



Resumen del artículo: La formación lectora en la etapa escolar escrito por Antonio Mendoza Fillola.

Tratamos con una concepción de la lectura que cambia el rol tradicional de lector-receptor pasivo y lo transforma mediante la interacción con el texto. Hasta ahora, los métodos de enseñanza de la lectura no contemplaban este tipo de construcción del conocimiento.


Tradicionalmente, las actividades educativas se centran en los procesos de descodificación y en la manera de determinar la comprensión de los objetivos del texto. El lector, sin embargo, realiza una labor interactiva de construcción de significados, de este modo, la educación para la lectura se convierte en un complejo proceso cuya finalidad es que el lector se implique y dialogue con el texto.
Es básico acostumbrar a los alumnos a la lectura hasta hacer de esto un hábito personal. El autor marca entonces la necesidad tanto de la lectura extensiva, que nos conduce al hábito de la lectura, como de la lectura intensiva, que nos permite centrar la atención en el reconocimiento de las pautas didácticas y metaliterarias con que los alumnos adquieren o reciben el conocimiento de los textos.
Para Mendoza, la lectura de un texto avanza entre certezas y errores, estas se corroboran o no a través de la lectura que nos lleva a la fase de comprensión, en la que los datos ya han sido contrastados y podemos realizar inferencias coherentes.
Otro de los aspectos clave, es la relación entre texto y lector, ya que actúa sobre la eficacia del proceso lector, la interacción personal del lector con el texto es la que configura la comprensión. Comprender un texto es una prueba de que se ha acertado al formular al menos una hipótesis semántica de conjunto.
El concepto de tensión lectora también resulta muy interesante, hace referencia a la tensión entre el discurso escrito y el horizonte de lectura que genera: hipótesis , expectativas y previsiones del lector. Desde esta perspectiva el lector gana protagonismo en su relación con la lectura, como receptor y regulador de la interacción, el activador es la actividad de interacción que les une.


De este modo, el autor considera la lectura como la interacción significativa con el texto, este hecho cambia la forma en la que se plantea la didáctica de la lengua. Implica el desarrollo de circunstancias, contextos y condiciones favorables a estas interacciones, además, cabe señalar la especial importancia con que se ha de trabajar cada una de las fases del proceso lector. El número de conexiones que el lector es capaz de realizar con el texto que lee, es uno de los factores que más condiciona también esta interacción, el lector necesita menos recursos para comprender el significado del texto y puede utilizarlos en adquirir una información más globalizada o específica en caso de que sea lo que busque, del mismo modo que cuando la atención está puesta en la descodificación del texto, obtener el sentido global puede ser una tarea muy compleja. Se necesita la automatización de la descodificación y con la práctica, el desarrollo de sistemas que automaticen también esa interacción del texto con el lector por lo menos en parte.
El artículo esquematiza las diferentes fases del proceso lector y las describe pero creo que ese no es el objeto de este resumen, ya que, para ese desarrollo concreto es mejor leer el articulo directamente.


El fin del proceso lector es una atribución de una interpretación personal del lector, en la que él mismo controla el tipo de interacción que mantiene con el texto para lograr del mejor modo posible sus objetivos.

En cuanto a la motivación, un tema que nos solemos plantear, solo se puede lograr si existen los conocimientos previos necesarios y un dominio de las estrategias lectoras, por último, es necesario que el texto aporte contenidos que satisfagan ese interés posible, ya que un texto que no aporta nada o lo hace de un modo confuso (aunque esa confusión sea consecuencia de la precisión( esto es una aportación personal)), no llega a despertar el interés real del lector, el considerable esfuerzo necesario para extraer algo que consideremos valioso para incorporarlo a nuestro haber ( en términos contables ) de experiencias y conocimientos lastra esa posibilidad.
Resumiré en breves palabras las conclusiones que matiza el artículo:
- El lector precisa conocimientos previos, intuiciones, capacidad de interpretar y capacidad de establecer relaciones entre los saberes lingüísticos o literarios.
- La lectura es un acto individual.
- El texto es un sistema que ha de desarrollarse en combinación con el lector.


Mi propia conclusión es que existe un estudio considerable sobre el proceso de aprendizaje de la lectura. Mi horror personal es ver que no se suele aplicar. Nadie nos enseña a desarrollar esas habilidades, ni nos dice que sean necesarias (en la universidad sí, en estos textos, pero no en la escuela ni en educación secundaria). ¿Vuelve a leer el texto si no lo has entendido? Quizás un gran número de alumnos no comprenden lo que leen por que no han desarrollado espontáneamente estas habilidades (como espera el sistema educativo en general) y todo para cumplir con un temario que al poco tiempo se olvida...
El tema me resulta muy interesante, llegar a una didáctica de estas estrategias lectoras que sea efectiva para todos y no solo para los que la desarrollarían espontáneamente es la cuestión que me planteo. La respuesta, quizás esté en un planteamiento por proyectos muy bien diseñado y siguiendo el enfoque comunicativo. Pero aquí son solo palabras, será importante estar al día en cuanto a las experiencias reales de trabajo y desarrollar otras propias, adaptadas a la clase para que quizás un día leer y aprender leyendo sea algo común.

jueves, 10 de octubre de 2013

Literatura y compromiso: hacer preguntas para buscar respuestas



El artículo de Isabel Tejerina traza una líneas sobre la función más social y comprometida tanto de la literatura como de la escuela y los docentes. El texto, escrito a principios de siglo XXI, realiza una pequeña introducción en la que se refleja la convulsión y la multitud de conflictos que atenazaban al planeta (conflictos que siguen vigentes y que en muchos casos se han agravado) así como el surgimiento de movimientos renovadores por una parte de la sociedad sin más ideologías que la solidaridad entre los pueblos, la repulsa hacia las terribles injusticias y la lucha contra el statu quo establecido.

La escuela no puede permanecer inmóvil ante la aspiración de un mundo mejor, tampoco es la salvación que todo mortal espera pero debe ejercer las bases, propiciar y potenciar la creación de inercias positivas que, desde la cotidianidad, favorezcan el surgimiento de una “justicia global indispensable”

En cuanto a la literatura, según la autora, existen dos corrientes, una que propugna la creación de textos asépticos, y otra que defiende la “literatura social”. La autora defiende la literatura como un hecho estético y artístico que no debería adoctrinar pero entiende que la neutralidad es imposible y que siempre, bajo cualquier texto, subyace la ideología del que lo escribe.

Considera necesaria una literatura moral, es más, afirma que para ser buena literatura debe ser moralizante y defiende la creación de una literatura “crítica y transformadora” pero, a la vez, critica la irrupción masiva de textos “creados” únicamente para aleccionar, (venga de donde venga la imposición, léase editoriales  o grupos de presión). Textos simples que resultan poco convincentes y que cuando no provocan el rechazo del alumnado transmiten valores como el “individualismo y la autocomplacencia”.

La literatura en general, continúa la escritora, pero en especial la infantil ha resultado históricamente una manera de controlar y someter a las masas bajo la ideología predominante de cada época y aún así, algunos de los textos que mayor prestigio y fama han alcanzado entre el público (como si este se rebelase) han sido textos disruptivos que propugnan la “libertad y la rebeldía”, que “satirizan a la sociedad” o que “se burlan de las instituciones más sagradas”

Es por eso que, según se relata en el artículo, no podemos caer en los errores del pasado y menos aún repetirlos. Nos encontramos ante un mundo tremendamente injusto, lleno de desigualdades y de diferencias y la escuela debe crear personas que sepan pensar y aceptar las diferencias, personas con valores pero no obligándoles a deglutir una lista de preceptos de manera descontextualizada ni con unos principios morales cambiantes y llenos de contradicciones.

Para formar personas con valores, debemos afrontar una reforma profunda y renovar por completo la manera en que nos acercamos al alumnado, dejarnos de conductas “paternalistas y dogmáticas” y afrontar los retos desde una “educación desde la diferencia” que dote a nuestro alumnado de autonomía moral y de compromiso para derribar las barreras que se levantan a su alrededor.

No se trata de rellenar libros con valores, sino de mostrarles textos genuinos que les ayuden a comprender, a hacerse preguntas y que les muestren “la ridiculez y el carácter retrógrado de los esquematismos y las estrecheces ideológicas”

Por ello, la autora nos anima y recomienda contribuir a la formación de nuestro alumnado con los siguientes consejos:
  • Seleccionar buenas obras clásicas y contemporáneas, las escritas para el público infantil y las que ellos han hecho suyas aun sin estar escritas con ese propósito.
  • Guiarles para que aprendan a descubrir sus enseñanzas y a cuestionarse la condición del ser humano como ser social.
  • Utilizando libros auténticos que aúnen ética, estética y con mucha fuerza interior.

"Porque los libros no van a salvar a la humanidad ni nos darán todas las respuestas, pero ampliarán nuestra comprensión de lo que somos y el conocimiento de los otros, y seguro que nos inducirán a formularnos nuevas preguntas para avanzar."

domingo, 6 de octubre de 2013

La crítica es bella. Cómo analizar los libros para niños.



Sin duda el título de este artículo de Ana Garralón ha sido clave en su elección para esta práctica. El máximo responsable de los materiales que se presentan dentro del aula, entre ellos los libros, es el docente. Entonces, ¿cómo un futuro maestro puede pasar por alto un artículo con este nombre?

La elección de los libros de literatura infantil siempre ha estado condicionada por los adultos, especialmente si se tiene en cuenta su uso pedagógico. Pero, ¿qué premisas se han utilizado para esta elección? Se pueden dar diferentes criterios para la elección de los libros:
  • Criterios económicos: ajustarse al presupuesto y/o dejarse recomendar por comerciales para escoger lecturas cuyo coste sea asumible.
  • Criterios de desinformación: elegir únicamente aquello que se ve o se conoce.
  • Criterios pedagógicos: seleccionar un libro por tratar una temática que se puede trabajar transversalmente.
  • Criterios morales: elegir un libro respetuoso para evitar cualquier tipo de conflicto.
Estos criterios pueden ser acertados o no, por lo que la amplia cantidad de libros infantiles que hay en el mercado (un 15% del total) hace necesario la figura de una persona encargada de recomendar o no lecturas. Ahora bien, ¿quién debe ser el crítico de libros para niños? Sin duda, ha de ser un lector de amplia formación cuya crítica sea fundamentada atendiendo tanto al lector al que va destinada como a la obra literaria en sí. 

Entonces, ¿por qué no les llega esta información a los docentes? Porque está inmersa en una serie de dificultades tales como la ausencia de espacio, la ausencia de formación en la tarea de la crítica, el exceso de producción y la falta de exigencia de los destinatarios. Por tanto, se da una situación de invisibilidad. (Fernández Paz, Agustín: «Contra la invisibilidad». En: CLIJ, 103, 1998.)

Debido a lo anterior, es conveniente tener presente una serie de elementos valorativos objetivos para la selección de libros. Por ejemplo:
  • Cada género atiende a diferentes elementos y estructuras, por lo que aspectos valorados positivamente en uno pueden ser negativos para otro.
  • Se ha de valorar la estructura narrativa y los elementos literarios, pero también los recursos como los personajes, el diálogo y el lenguaje.
  • Elementos pictóricos como el color, la perspectiva, la textura, la composición y la relación imagen-narración se han de evaluar, además, en un álbum.
  • La selección también dependerá de elementos éticos, psicológicos, sociológicos, históricos y formales.
A modo de conclusión, los espacios de opinión y crítica son completamente necesarios y, por ello, es importante crearlos y darles difusión. Una mejor selección de la literatura infantil de calidad pasa por una visión más amplia de la misma. La variedad y la diversidad de juicios propician elecciones más objetivas y beneficiosas para los lectores. He aquí mi contribución.